Hoy, cuando el país intenta saldar su deuda con las víctimas del conflicto armado y está en camino la ley para restituirles sus bienes, el teatro también busca documentar y presentar su mirada sobre esas historias de crueldad.
Retratan realidades como el desplazamiento y las masacres, o hechos que marcaron la vida nacional, como la toma del Palacio de Justicia o el descuartizamiento de José Antonio Galán. De este último habla 'La insurrección de las hormigas', que se presenta hasta el 4 de agosto en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, de Bogotá.
Desde la Comisión Nacional de Reparación ven esta tendencia como una forma de hacer pedagogía y una interpretación necesaria de la historia reciente.
"El teatro juega un papel fundamental en la mediación estética de esos horrores, que si no se abordan con el lenguaje del arte, resultarían indecibles", dice Iván Orozco Abad, profesor de la Universidad de los Andes y miembro de la Comisión de Memoria Histórica.
Orozco recuerda también que procesos como el de Justicia y Paz parecen en muchos casos escenarios teatrales, "con guiones, actores o con escenas originales y escenas mediáticas que los recrean".
Sin embargo, no es una apuesta fácil. "Son obras costosas, pero tienen 'rating'. Supongo que un productor se acojona y pregunta dónde está la comedia, pero estos son temas que hay que contar y nos tienen que causar más que indignación", dice Nicolás Montero, codirector de 'El deber de Fenster', obra que abordó la masacre de Trujillo, en el Valle.
¿Por qué abordan estos temas? ¿Le interesa al país ver en el teatro esos hechos? ¿Llegan a tiempo a contar esa realidad? Aquí está la voz de algunos directores de obras que abordan estas temáticas.
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